Las gallinas felices del abuelo.

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Pues eso, que las gallinas son felices. Y no, no es que papá vaya a leerles cuentos de Jorge Bucay ni a ponerles música de los Cantajuegos, es que las gallinas del abuelo viven solas en el corral, sin jaulas, sin horarios intensivos de puesta de huevos, sin prisas…. Ellas van a su aire, ahora picoteo los restos de la fruta de casa, ahora me tumbo al sol, ahora persigo a las lombrices del suelo, ahora bebo agua…

Se alimentan de trigo, maíz, cebada, hierba (cuando la hay), trozos de melón y sandía, etc…y sí, también trocitos de pan y gusanitos que le lleva Nora

Y ahora estaréis pensando, ¿porqué os contamos todo esto?, pues porque creemos en la importancia del contacto de los niños con lo animales desde el principio.

Claro que se manchan, claro que pisan cacas, claro que lo intentan coger todo y claro que hasta se ha roto algún huevo en las manos de Nora, pero, la ropa y las manos se limpian y el problema desaparece. En cambio, la experiencia y todo lo que aprenden, se lo llevan para casa y eso, pensamos que es superpositivo para ellos.

Así que ya sabéis, si tenéis cerca una granja, una hípica, un vecino del pueblo que tenga gallinas, un rebaño de ovejas, acercaos sin miedo y disfrutad viendo a vuestros pequeños interactuar con los animalillos.

Nora y Turco

Hoy os vamos a hablar de nuestro perro y algunas cosas que nos han pasado desde que llegó Nora.

Cuando decidimos tener un perro, las cosas se precipitaron un poco. Papipapito siempre estaba diciendo ¿cuando tenemos un perro?¿cuando tenemos un perro?…..y de repente, se alinearon los astros y un amigo nos ofreció un cachorro. No pudimos echarnos atrás y desde hace 2 años y medio, Turco comparte casa, caricias y pelos con nosotros.

Turco es un spaniel bretón muy nervioso cuando sale a la calle, pero totalmente tranquilo en casa. Es inteligente y juguetón. No ladra ni molesta, no es nada agresivo (más bien un poco cobardica) y sobretodo muy, muy cariñoso.

Nunca pensamos entonces lo que podría suceder a la hora de tener un hijo ni lo que conllevaría el tema perro-niño hasta que Nora comenzó a crecer en la barriga de Mamimamita.

Los primeros miedos tuvieron que ver con los celos por parte de Turco… ¿y si la muerde?. La respuesta vino rápido. Tenemos una sobrina de 4 años que se ha criado prácticamente con el perro y nunca ha habido ningún tipo de comportamiento extraño por su parte, al contrario, es todo mimos, lametazos y juego. Además, pensamos que si nuestro perro nunca ha sido agresivo, ¿porqué iba a serlo con la llegada de Nora?. (en otro post os contaremos la llegada de Nora a casa y la presentación formal Nora-Turco, Turco-Nora)

También nos preguntamos por la higiene y la limpieza. Leímos, preguntamos, y lo más importante, aplicamos sentido común. El perro lleva las vacunas al día, toma pastillas desparasitantes cada poco tiempo, tenemos contacto directo con el veterinario, intentamos tenerlo limpio, cuidamos de que nunca esté en contacto con los juguetes de Nora, etc. Con todo esto no quiere decir que la pequeña esté totalmente protegida, pero, de momento nos está funcionando.

Nora ya empieza a interactuar con el perro. Le mira, le ofrece las manos, el perro se acerca, la olfatea….cuando Nora está en su hamaca, Turco pasa a su lado, la empuja con el hocico en el culete, se tumba cerquita…la verdad es que es una gozada verlos juntos.

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